La acuicultura de pequeña escala (APE) ha comenzado a posicionarse como un pilar fundamental para la diversificación y sustentabilidad de las comunidades costeras en nuestro país. Este sector, que durante años operó bajo perfiles de bajo impacto, hoy recibe un renovado impulso técnico y normativo.
En el Centro Acuícola Tongoy, hemos sido testigos de cómo la tecnificación y el apoyo colaborativo permiten que las familias pescadoras y acuicultores artesanales alcancen estándares de producción que antes parecían exclusivos de la gran industria. Este avance no solo garantiza la seguridad alimentaria, sino que arraiga a las nuevas generaciones en sus territorios.
El desafío ahora es mantener el equilibrio entre el crecimiento económico y el respeto por los ecosistemas marinos. La APE, por su naturaleza, es un modelo que respeta la escala humana y el entorno, permitiendo un desarrollo armónico que debemos proteger y promover con políticas públicas constantes.